Últimamente, uno de mis autores de terror es Stephen King. Como cosa curiosa, nunca he leído uno solo de sus libros, todo lo que conozco de él son las adaptaciones que Hollywood ha hecho de sus películas. Pero hasta ahora, después de media docena de producciones, nada de lo que he visto que ha sido basado en los escritos de este autor me había impresionado. Bueno, tal vez si una obra que me llenó de principio a fin. La descubrí en este rentavideo que ha sido atacado por la malicia de los piratas, pero que sigue de pié gracias a la buena fe del cine independiente de algunas personas como yo que aún disfrutamos vivir la fantasía del renta video. Me refiero a Evolution, el que está frente a Canal 2.

Ahí encontré una joya llamada Red Rose, dirigida por Stephen King (creador) y Craig R. Baxley, cuyo guión está basado en la investigación que el primero hizo sobre una mansión embrujada ubicada en Seattle y que responde al mismo nombre de la obra en cuestión. Esa fue la primera y quizá la única historia que me conmovió de tal manera que me hizo desechar los prejuicios que tenía respecto a los escritores “bestsellers”. Comprendí entonces que King tenía algo: estaba loco por la necromancia.

Pero, a la fecha, y a excepción de la Rosa, ninguna de sus obras me terminaba de gustar. Las historias, debo admitirlo, están bien contadas. Sus comienzos son contundentes, sus intermedios son apasionantes y te llevan al climax del terror o de la fantasía como si fueras cordero que llevan al matadero. Pero, los finales terminan decepcionando. Son muy predicibles o convenientes. Terminan siendo las típicas historias donde elbien triunfa sobre el mal. ¡Qué mal! 

Sin embargo, este fin de semana fui a ver una película de este hombre que ya se contabiliza en mi estante de los grandes autores de todos los tiempos que hay que leer para comprender la narrativa moderna. Fui y quedé sorprendido, idiotizado por la belleza de su prosa y las imágenes del director. Fui y tuve un orgásmo que se multiplicó sobretodo en los últimos cinco minutos del desenlace de la película. 

Se llama la niebla y bajo su manto vienen seres que solo he podido reconocer en H.P. Lovecraft. Ahora están entre nosotros y, en realidad, la función vale cada centavo que se pide en la taquilla. Diez le doy.

Desde La Buta K

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